Dado que nadie está excluido de invocar a Dios, la puerta de la salvación está abierta a todos. No hay nada que nos impida entrar por ella, sino sólo nuestra propia incredulidad.
¿Es planear algo sabio? ¿Cuál es el peligro de planificar nuestras metas para el 2026? ¿Qué es lo que Dios quiere de nosotros? ¿Cómo lucen mis planes en comparación con lo que Dios quiere para mi?