Dado que nadie está excluido de invocar a Dios, la puerta de la salvación está abierta a todos. No hay nada que nos impida entrar por ella, sino sólo nuestra propia incredulidad.
¿Quiénes deberían ser maestros? ¿Cuál es la advertencia para los maestros en la Iglesia? ¿Qué es lo que nuestras conversaciones, exhortaciones y ánimos a los demás reflejan? ¿Qué deberíamos considerar de lo que sale de nuestra boca?