Dado que nadie está excluido de invocar a Dios, la puerta de la salvación está abierta a todos. No hay nada que nos impida entrar por ella, sino sólo nuestra propia incredulidad.
¿En cuán alta estima tienes el valor del matrimonio? ¿En qué estás basando tu matrimonio? ¿Cómo estás discipulando a tu familia? Escucha la prédica del domingo