Dado que nadie está excluido de invocar a Dios, la puerta de la salvación está abierta a todos. No hay nada que nos impida entrar por ella, sino sólo nuestra propia incredulidad.
¿En dónde radican las guerras y conflictos que nos llevan a rechazar el consejo de Dios? ¿Podemos vivir en armonía con Dios y no obedecerlo? ¿Vives esperando en que Dios satisfaga tus deseos?