Dado que nadie está excluido de invocar a Dios, la puerta de la salvación está abierta a todos. No hay nada que nos impida entrar por ella, sino sólo nuestra propia incredulidad.
¿Cómo lo que decimos refleja nuestra madurez espiritual? ¿Qué estás buscando cuando hablo para dar mi opinión? ¿Qué fruto están revelando mis palabras? ¿Qué tan peligroso es lo que decimos?