Dado que nadie está excluido de invocar a Dios, la puerta de la salvación está abierta a todos. No hay nada que nos impida entrar por ella, sino sólo nuestra propia incredulidad.
¿Cómo lidiamos con la realidad del pecado en nuestros corazones en el matrimonio? ¿En dónde podemos encontrar ánimo en medio de conflictos fuertes con nuestro cónyuge? ¿Qué es lo que deseas cuando tu cónyuge te ofende o peca contra ti?