Dado que nadie está excluido de invocar a Dios, la puerta de la salvación está abierta a todos. No hay nada que nos impida entrar por ella, sino sólo nuestra propia incredulidad.
¿Qué beneficios hay en la victoria de Cristo sobre la muerte? ¿Por qué muchas veces vivimos como si Cristo no hubiera resucitado entre los muertos? ¿Qué circunstancias difíciles en nuestra vida hablan más fuerte que las promesas y la Palabra de Dios?