Dado que nadie está excluido de invocar a Dios, la puerta de la salvación está abierta a todos. No hay nada que nos impida entrar por ella, sino sólo nuestra propia incredulidad.
¿Qué significa cuando le decimos a Dios que venga su reino? ¿Cuál debe ser la prioridad, perspectiva y propósito de la Iglesia? ¿Podemos tener propósito fuera de Cristo?