Dado que nadie está excluido de invocar a Dios, la puerta de la salvación está abierta a todos. No hay nada que nos impida entrar por ella, sino sólo nuestra propia incredulidad.
¿Qué peligros hay en ir directamente a las soluciones prácticas de nuestros problemas? ¿A qué nos llama Dios en medio de la persecución o conflicto? ¿Cómo las leyes y sacrificios del Antiguo Testamento son sombras de algo mejor?